jueves, 20 de diciembre de 2012

A Dios pongo por testigo

Como el pájaro que vuela 
y no encuentra su destino
igual a veces me encuentro
perdido en un laberinto.

Qué sería si tú no fueras
la que me alumbra el camino
no quiero que el sol se ponga
sin antes no haberte visto.

El tiempo se va pasando
como el agua por el río
y yo me quedo mirando
las flores de los espinos.

Los pájaros con su canto
cerca donde está su nido
y unos chiquillos jugando
que no le temen al frío.

A solas pienso sin ver
las rayas de tu vestido
cuando oscurece la tarde
y tú ya no estás conmigo.

La verdad que yo no puedo
olvidar lo que he sufrido
cuando se alejó de mí
camino de su cortijo.

Mirando amapolas rojas
que se crían en el trigo
entre el verde de las hojas
y la flor de los olivos.

Allí tan sólo me quedo
y pienso cuando era niño
queriendo volverme hombre
y tu amor es mi castigo.

Yo comprendo la verdad
tú me tratas como amigo
pero mi corazón late
como aspas de molino

A Dios le pido con fe
bajo las ramas de un pino
que si no te vuelvo a ver
hasta mi sombra maldigo.

Y aquí debajo de este sol
a Dios pongo de testigo
soy como hoja caída
que se muere en el olvido. 


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